Que la casa entera
sea los ríos infatigables de
tu espalda.
La que salía a buscar la
humedad del jardín
demasiado tarde en las
noches.
La misma correntada que se
llevó mi barca,
superior a mis fuerzas
dentro de tu paisaje azul…
Que antes de tu primer café
de la mañana
(con otra alma que no es ésta
alma)
mis tierras te caminen
polvorienta
desnuda de aquellas telarañas,
de aquellos dolores que nos
hablábamos en voz baja
para que el sufrimiento no
nos reconociera la voz,
con tal que no saliera a
responder.
Te pierdo en el olor a barcos
desteñidos,
en la distancia que hay entre
vos y yo,
en la mirada de mis heridas,
y mis últimas primaveras
que aún más lejos se pierden,
desterradas.
Hoy quisiera despertar con
noticias tuyas…
Dormiré hasta que alguien
lance el periódico
contra la puerta de la
entrada.


